El suelo, dentro de todas sus características, funciona a su vez como sumidero de carbono. Una de las opciones para la agricultura es en utilizar los suelos como verdaderas almacenadoras de dióxido de carbono de la atmósfera. Es hora de desarrollar el concepto sobre el suelo como almacenador de carbono: sus potencialidades, compromisos y acciones requeridas, así como los actores involucrados.

¿Cómo se nutre el suelo?

Nuestro planeta no sería lo que es sin la interacción con lo biológico. Seres vivos de toda clase viven, se desarrollan y mueren en el planeta causando una serie de fenómenos que alteran el suelo, el aire y el agua de manera muy significativa.

Gracias a la biología el hombre viene aprovechando energía del sol que se fue almacenando en complejas moléculas de larga cadena de carbono en el suelo.  Algunos ejemplos son el gas, el petróleo y el carbón de los cuales dependemos en gran medida para sostener el nivel de consumo energético de nuestras sociedades. La sociedad moderna, como la conocemos hoy en día, se ha desarrollado sobre la base de la utilización a gran escala de fuentes energéticas concentradas y baratas con fácil disponibilidad.

Otro tipo de carbono almacenado en los suelos también se está consumiendo por la actividad agrícola en todo el mundo. Por ese motivo, suelos con miles de años como los europeos poseen muy bajos niveles de materia orgánica. Con menos años la Argentina seguía ese camino, pero por suerte desde hace muchos años se incorporó la siembra directa disminuyendo significativamente esa tendencia sin revertirla.

¿Cómo almacenar carbono en el suelo?

Lo que se está planteando respecto a utilizar al suelo como almacenador de carbono es poder generar las condiciones para que la captura de energía y dióxido de carbono pase a constituir una parte de nuestros suelos, incrementando su tenor de materia orgánica. En consecuencia, se generaría un proceso inverso al que venimos empleando con los suelos y los combustibles fósiles, de los cuales hoy dependemos.

Este proceso es reversible, como lo es el de los combustibles fósiles. Por lo tanto, el mantener esta tendencia de captura y almacenamiento requiere de un sostenimiento en el tiempo de las prácticas y cuidados que los originan.

El paso a paso de la conservación de carbono en el suelo

Captura de CO2 de la atmósfera

En un campo de producción típico de la pampa húmeda (Argentina), para lograr un incremento de la captura en primer lugar debemos procurar que la superficie trabajada esté realizando fotosíntesis los 365 días del año. Esto se logra multiplicando cultivos comerciales y de cobertura que se suceden en el año. Esto constituye la etapa de captura del dióxido de carbono presente en la atmósfera.

Almacenamiento de CO2 en el suelo

El carbono almacenado en tejidos orgánicos luego se incorpora al suelo, principalmente el contenido en las raíces de los diferentes cultivos. Para preservar el mismo se deben implementar prácticas que no alteren físicamente el suelo para que no vuelva esa materia orgánica oxidándose a la atmósfera. Con respecto a la parte aérea que se incorpora en menor medida, la misma puede ser cosechada mecánicamente o por animales. A su vez, los desechos y material vegetal se pueden convertir, por medio de la utilización de biodigestores, en productos digeridos.

Estos digeridos estabilizados luego pueden también ser incorporados a los suelos de manera de ayudar al reciclado de nutrientes y la incorporación de materia orgánica. Otras técnicas implican el uso de la pirólisis que generan carbones estabilizados llamados biochar que también pueden incorporarse a los suelos.

Análisis del suelo

Estos procesos no son mecánicos ya que el grado de incorporación está ligado al clima y a las características de los suelos, así como su historia previa. Cada suelo posee un nivel de equilibrio de materia orgánica. Como mencionamos, la actividad agrícola tradicional ha provocado una gran caída de esta. La distancia entre el nivel de materia orgánica actual y la de equilibrio de ese suelo en el particular agroecosistema nos brinda una idea aproximada del potencial de captura que podemos emplear.

Esta diferencia no tiene un comportamiento lineal ya que a medida que nos acercamos al nivel de equilibrio el ritmo de incorporación y velocidad de cambio se hace mucho más lento. Argentina cuenta con muy interesantes oportunidades, ya que su producción amplia en siembra directa nos da un puntapié inicial para establecer el conjunto de prácticas adicionales que se deben implementar.

Caso Práctico – Italia

A continuación se expondrá un caso aplicado en Italia, el cual contiene todos los condimentos del sistema que hemos descrito sobre el suelo como almacenador de carbono. Este caso es sobre un proceso sistémico de captura en Italia bajo el concepto “Biogas fatto bene” ( en español, “Biogás hecho correctamente”). Se vienen monitoreando una serie importante de campos y ya hay evidencia de incremento de materia orgánica que en algunos casos supera el 0,5  %.

Diferencias y mejoramiento de almacenamiento de carbono en suelos agrícolas.
Diferencia de contenido de carbono en suelo de distintos campos entre 2013 y 2016. Se observa como en la mayoría de los casos se aumenta la concentración de carbono en suelo gracias a las prácticas mencionadas.

Bonos de carbono: un incentivo para almacenar carbono

Se están desarrollando a nivel mundial mecanismos que por un lado establecen sistemas de Monitoreo Reporte y Verificación (MRV) a fin de dar certeza del fenómeno del suelo como almacenador de carbono. A su vez, otros mecanismos permiten convertirlos en bonos de carbono que pueden ser comercializados en distintos tipos de mercados.

De esta manera lo que se busca es dar un nuevo incentivo que le permita al sector agropecuario aprovechar económicamente los beneficios que brinda a la humanidad como servicio ecosistémico el hecho de emplear su suelo como capturador y almacenador permanente de carbono.

Hasta hace muy poco se conocían prácticas que reducían la caída o posiblemente incrementan la capacidad del suelo como la almacenador de carbono. Por el solo hecho de realizar esas prácticas se adjudicaba un crédito de carbono. Esto está cambiando rápidamente y en los últimos años se desarrollaron procedimientos ligados al monitoreo registro y verificación. Estas verdaderas recetas establecen cómo, cuándo y por cuánto tiempo debe analizarse un suelo para tener una medición real del carbono acumulado. Los créditos y eventuales bonos que se comercializarán estarán respaldados por estos resultados. Aún están por definirse las condiciones de mantenimiento de esta situación, ya que este proceso es reversible si se dejan de respetar las técnicas conservacionistas.

¿Cómo es el ciclo de fijación de carbono en el suelo?

En el siguiente gráfico podemos observar una curva típica de acumulación de carbono en suelo. Se resalta que existe un punto donde se logra un equilibrio y el nivel se mantiene relativamente constante a lo largo del tiempo. Esas curvas son diferentes para cada clima y tipo de suelo. Los suelos agrícolas típicos se hallan lejos de los niveles de equilibrio. Por lo tanto la diferencia entre el nivel actual y el que se alcanzaría como estable constituye la capacidad máxima de almacenamiento que podríamos lograr.

Ciclo de fijación de carbono en el suelo.
Ciclo de fijación de carbono en el suelo.

Para comprender el mecanismo debemos recordar que la fotosíntesis les permite a los vegetales capturar el dióxido de carbono de la atmósfera y mediante la captación de la energía solar almacenarlo en complejas moléculas orgánicas de todo tipo. Complementariamente, el suelo es un ámbito donde convive una diversidad de organismos muy importante. Ellos son los encargados de tomar la materia orgánica e incorporarla a la estructura del suelo.

Este equilibrio puede en cierta forma ser manejado por el hombre en ambos sentidos. Por un lado, se puede perder más carbono que el que se captura traduciéndose en una pérdida de materia orgánica (como viene ocurriendo históricamente). Por otro lado, se puede intervenir para que el almacenamiento sea mayor a la descomposición de la materia orgánica lográndose un incremento en los niveles de carbono en el suelo.

Conclusión

En resumen, se abre una nueva oportunidad para el campo. Para aprovecharla hay que actuar hoy cambiando las prácticas agrícolas convencionales e iniciando un completo sistema de monitoreo. Al tomar estas decisiones nos encontraremos en condiciones en los próximos años de aprovechar esta nueva oportunidad.

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